Pues el momento ya había llegado. Ahí tenía el salar de uyuni delante de mi y sin viento.
La mañana anterior me había despedido de Falko y de Chris porque quería disfrutar del salar sin tener ese día el viento en contra. He pedaleado mas de 5000 kilómetros para llegar hasta el gran salar y no quería tener que luchar contra el viento.
La primera sensación es en la de estar en un lugar especial. Las dimensiones del salar son descomunales y su superficie es blanca como la nieve y duro como la tierra. Los primeros kilómetros son de auténtico disfrute. Y después ….. el salar te empieza a atrapar y a no dejarte ver como te mueves y te entra el cansancio de ver que no avanzas.
Cuando después de 40 kilómetros “tocas” la isla Incahuasi, y digo “tocas” porque siempre la tienes delante de tus ojos durante los 40 kilómetros y sin embargo te parece que no vas a llegar nunca.
La isla Incahuasi es una formación de montañas donde hay unas casitas desde hace unos 20 años y unos cactus increíblemente grandes que después cuando se secan se utilizan para hacer muebles, puertas y todo tipo de cosas relacionadas con la madera. En la isla hay un restaurante, un almacén donde comprar chocolatinas, bebida, tabaco y que también arriendan 2 camas. Sin luz ni baño, pero con unas vistas al salar que valen la pena.
También hay unos baños públicos muy limpios; para acceder a la isla, hay que pagar unos 15 bolivianos. Si bien esto de pagar por entrar en una isla no es de mi agrado, el tratar de mantener económicamente estas casitas en este mágico lugar en medio de un mar de sal.
Por allí hay ya 3 libros donde los viajeros que hacen noche le dedican unas palabras al salar o a don alfredo y a su mujer. Allí dejé también la firma.
Durante el viaje te da tiempo para todo; me grabé un vídeo de apenas 2 minutos de mi trayecto por el salar. El vídeo pesa un huevo y tarda en cargar, pero es lo que hay.
Salar de Uyuni de panamerikana from panamerikana on Vimeo.
Aunque hay unos “caminos” que te sirven de orientación, también se ven ruedas de 4×4 que van haciendo camino y es relativamente fácil perderse (es decir, recorrer muchos mas kilómetros). Yo llevo gps y con eso no hay problema. Mas tarde en Uyuni, Gustavo que es el dueño del residencial “wara del salar” me dijo que en el salar habían muerto gente que se había perdido.
Cuando paseas en el salar por la tarde y ves a los turistas, te llama la atención que todos no sacamos unas foto muy raras, jugando con perspectivas, ángulos y demás movimientos corporales. Yo el primero. En la foto estoy con unos chicos argentinos que conocí aquella tarde. Gracias amigo por la buena tarde
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